Una victoria inusual en territorio indígena: tribus de Dakota del Sur expulsan a minera en una semana*


Fotografía: Angel White Eyes

En las praderas sagradas de Pe’Sla, en Dakota del Sur, una coalición de comunidades indígenas y grupos ambientalistas logró detener la perforación.

Publicado en The Guardian US por Shilpi Chhotray, con el apoyo del Economic Hardship Reporting Project.

*Traducido por Territorio de Ideas. Libre de IA.

Esta traducción puede reproducirse libremente siempre que se cite la fuente.

Cuando dos baqueanos Oglala Lakota se enteraron de que iban a perforar en Pe’Sla, la pradera sagrada que se extiende al pie de las Colinas Negras, en Dakota del Sur, decidieron adentrarse en los senderos del monte. Tenían que averiguar dónde estaba la perforación. En su camino se cruzó un venado y un gavilán de monte se remontó hacia lo alto: una guía más que una coincidencia, me dijeron los baqueanos. En una elevación del terreno llegaron a un camino recién abierto; lo siguieron y, después de pasar un camión estacionado, vieron que la broca estaba girando. No lo podían creer: “¡Ya están perforando!”.

Lo que pasó después es algo que rara vez se ve en territorio indígena: una coalición de tribus y organizaciones se unieron y expulsaron a una minera en cuestión de días.

“No estamos acostumbrades a la victoria”, dijo la doctora Valeriah Gran Águila, que dirige el trabajo del Colectivo NDN  —una organización sin fines de lucro encabezada por defensores indígenas, con sede en Rapid City— en las Colinas Negras. Y agregó: “Somos un pueblo acostumbrado a que lo joda el gobierno cada vez que puede”.

La pelea por proteger las tierras ancestrales de la minería es una lucha común; las batallas suelen ser largas y difíciles, y a menudo terminan en derrota. En marzo, el Gobierno entregó Oak Flat, un sitio sagrado para el pueblo Apache ubicado en Arizona, a una empresa dedicada a la minería del cobre para perforar una de las minas más grandes de América del Norte; la tribu afectada intenta apelar la transferencia de tierras en los tribunales. En abril, el Senado aprobó la quita de las protecciones de las que gozaba la región conocida como Boundary Waters (aguas fronterizas) en Minnesota, una cuenca ubicada en territorio Ojibwe sujeto a tratados,[1] donde las comunidades aún cazan, pescan y recogen alimentos; ahora el escenario de la batalla es la legislatura del estado. Las consecuencias de perder estas batallas no son abstractas: contaminación del agua, tierras sagradas convertidas en una mina a cielo abierto y problemas de salud que quedan en el territorio indígena mientras que las ganancias van a otra parte.

Sin embargo, en Pe’Sla, conocido por la Gran Nación Siux como “el corazón de todo lo que es”, la coalición logró romper ese patrón activando todos los frentes al mismo tiempo. Como explicaron, es una lección de lo que aún se puede conseguir con el poder de la organización colectiva.

La amenaza había llegado de la manera habitual en estos casos, por medio de papeles. El 27 de febrero, el Servicio Forestal de los Estados Unidos había otorgado sigilosamente un permiso exploratorio que habilitaba la perforación de 18 pozos dentro del parque nacional a Pete Lien & Sons, una minera y empresa de materiales de construcción de la zona. De esos pozos, al menos 10 se ubicaban en la pradera central, a lo largo de 3 kilómetros que se habían definido como zona de protección entre las tribus y la agencia federal. La exención se obtuvo mediante una “exclusión categorial”[2] que le permitió a la empresa saltarse la evaluación ambiental en un territorio que ha sido espacio de rogativas por miles de años.

Fotografía: Angel White Eyes

Pe’Sla ocupa un lugar sagrado en el mundo de la Gran Nación Siux. Wizipan Pequeño Alce Garriott, presidente del Colectivo NDN y exfuncionario del Departamento del Interior, cuenta que todo comenzó en el cielo. Ahí es donde Estrella Caída llegó a la Tierra y donde se refugiaron las personas, en un mundo azotado por el fuego y el agua, para sobrevivir y luego resurgir. Ahí también crecen plantas que se han cosechado desde siempre, como la timpsula, el nabo de las llanuras que tiene una corta espiga de flores púrpuras y raíces ricas en calcio, el verdadero regalo. Pe’Sla es templo, despensa y farmacia al mismo tiempo: la ceremonia, el alimento y la medicina ahí mismo, en la tierra. La tierra que casi destrozan para perforar.

Lo que la empresa quería explotar no hizo más que agravar el insulto: buscaban grafito, un “mineral crítico” para la transición energética que se usa en las baterías de los autos eléctricos, es decir que la broca que perforaba la tierra natal de un pueblo estaba ahí para “salvar el planeta”.

Gran Áquila afirmó: “Quieren sentar un precedente para poder atacar todos los sitios sagrados. No pasa solamente acá, pasa en todo el país”. Para les organizadores de la coalición, el grafito es casi una anécdota: una vez que la empresa tiene permiso para perforar, puede buscar cualquier otra cosa.

La economía “limpia” continúa extrayendo minerales para un futuro “verde” del mismo territorio colonizado del que se extrae carbón y petróleo. Más del 75 % de las reservas de litio, cobre y níquel del país se encuentran a menos de 56,3 km de alguna reservación, y las comunidades que viven allí son en las que menos se invierte. El territorio Oglala Lakota, donde se encuentra la reservación Pine Ridge, tiene un índice de pobreza superior al 50 %.

El Servicio Forestal otorgó el permiso a pesar de la oposición por parte de las tribus, funcionarios locales y el público en general, ante lo cual la coalición de naciones indígenas, el Colectivo NDN y dos grupos ambientalistas decidieron intensificar las medidas.

Primero se activó el frente legal: a principios de abril, el Colectivo NDN, la Alianza Agua Limpia de las Colinas Negras y Earthworks presentaron una demanda contra el Servicio Forestal, y prácticamente todas las tribus de las Dakotas interpusieron una segunda demanda por separado. Pero a la lentitud de los tribunales se opuso la rapidez de la empresa. Cuando Pete Lien & Sons se enteró de la orden de protección presentada, comenzó a perforar las 24 horas del día para hacer tantos pozos como fuera posible antes de que un juez emitiera dictamen.  

Les organizadores no podían esperar a la justicia. Fue entonces cuando los baqueanos Oglala Lakota fueron a buscar el sitio de la perforación. Antes del amanecer del 30 de abril, instalaron un dron y descubrieron que la empresa se había desplazado durante la noche y que la cuadrilla estaba trabajando en dos plataformas iluminadas, al otro lado de la autopista. Entretanto, la caravana ya había partido. Una decena de vehículos cruzaban la autopista bajo una luna alta y brillante. Con la tierra todavía congelada, subieron por los caminos que había abierto el Servicio Forestal, hasta llegar al único acceso al sitio. Cuarenta vehículos bloquearon la entrada y el grupo puso el cuerpo para que los equipos no pudieran perforar.

“Se suponía que nos íbamos a quedar un día; queríamos expresar nuestra posición”, me dijo el poeta Sičáŋǧu Lak̇ot̄a Robert Bordeaux en una entrevista para el medio Peace & Riot. “Nos fue tan bien que decidimos quedarnos”, agregó.

Vivieron en las plataformas durante siete días. La ocupación fue premeditadamente intergeneracional: un consejo de jóvenes iba al frente y un grupo de ancianos sostenía el campamento. Resistieron a pesar los helicópteros que sobrevolaban la zona, las tres líneas de policías y la seguridad privada, una noche con temperaturas de -12 C° y la imposibilidad de hacer fogatas debido a la sequía que padecían las colinas. Pero el frío se combatió con calentadores de manos y calor humano. A pesar de todo, como contaron los baqueanos, sentían que el campamento estaba curiosamente tranquilo, como sostenido y protegido, como si los parientes[3] a quienes habían dirigido sus rogativas estuvieran ahí con ellos.

“Nuestras únicas armas fueron las rogativas”, dijo con calidez y firmeza Gran Águila, hermana mayor del campamento.

Las ceremonias no eran una pausa en medio de la estrategia, sino la estrategia misma. Había espacios ceremoniales en ambas plataformas. Y cuando los medios los acusaban de ser personas “armadas y peligrosas”, ellos mostraban en vivo su propia versión de los hechos. Sabían que mostrar en cámara la expulsión de un campamento ceremonial indígena en una montaña sería mala prensa.

El 4 de mayo un juez federal ordenó el cese de las perforaciones, ya que existía la posibilidad de que la parte demandante lograra probar que el Servicio Forestal había otorgado una exención ilegal para un proyecto que supuestamente duraría menos un año, aunque en el permiso constaba que serían tres. Aun así, les organizadores no se retiraron, no confiaban en que una empresa que podía pagar una multa detuviera las operaciones.

Días después, Pete Lien & Sons solicitó al Servicio Forestal la suspensión del plan y declaró que no presentaría otro. Aunque no se conocieron los motivos, les organizadores creen que la empresa pensó que iba a ser derrotada en los tribunales y que iba a llevarle años volver a iniciar el proceso. Es probable que para una empresa familiar que comercializa piedra caliza y concreto no valga la pena seguir buscando reservas de grafito no comprobadas. (Pete Lien & Sons no respondió al pedido de comentarios de The Guardian).

Según les organizadores, no hay una única táctica de la que pueda aprender la próxima comunidad que tenga que enfrentarse a un permiso similar. La lección es que hay que desplegar todas las tácticas juntas. Una demanda por sí sola es lenta; una ocupación es fácil de desalojar; una buena narrativa no cambia nada si al mismo tiempo no se ejerce presión. Pe’Sla funcionó porque cada uno de los frentes protegía al otro.

La coordinación se extendió al ámbito legal: la coalición entendió la soberanía indígena no como simbolismo sino como instrumento jurídico. Nueve naciones en los tribunales federales tienen una fuerza que ningún grupo activista o de defensa puede suplir. El resto es hacer los deberes: prácticamente en todo permiso que se emite a las apuradas, perdido entre el papeleo del propio gobierno, hay un atajo que les permitió llegar ahí. En Pe’Sla fue una exención otorgada por un año que se estiró en un proyecto de tres años.

“Nada de esto avanza si no trabajamos todes colectivamente”, dijo Annisa Martin, responsable de la campaña “Devolver la tierra”[4] en las Colinas Negras, que lleva adelante el Colectivo NDN. “Todes cumplíamos una función, y así lo entendimos”.

Esta es apenas una de las innumerables luchas que ha librado la Gran Nación Siux durante generaciones contra proyectos que van desde concesiones mineras hasta oleoductos. El objetivo final es lograr la prohibición total de la explotación minera y la aprobación del Proyecto de ley para la devolución de la sagrada Ȟe Sápa, que cuenta con el apoyo de las nueve tribus de Dakota del Sur y busca devolver a las comunidades las tierras públicas de la región.

Cuando una le pregunta a Annisa cómo se imagina la victoria, ella piensa en mucho más que un proyecto de ley: “Quizás NDN ni siquiera tenga que existir porque habremos liberado a nuestro pueblo. La tierra será liberada”.

Meses después, sobre el territorio reclamado donde el pasto empezaba a crecer de nuevo, sus palabras no parecen un eslogan sino un plan. Un plan que funcionó contra todo pronóstico.

Fotografía: Angel White Eyes

[1] N. de las T.: los territorios indígenas sujetos a tratados están regidos por acuerdos históricos vinculantes entre los gobiernos de los estados y las naciones indígenas.

[2] N. de las T.: En el derecho ambiental estadounidense, las exclusiones categoriales se otorgan a actividades que se estima que no tendrán efectos ambientales considerables, y por lo tanto no están sujetas a estudios de impacto ambiental. La traducción habitual “exclusiones categóricas” es incorrecta.

[3] N. de las T.: En las culturas indígenas de Norteamérica el uso de la palabra “pariente” excede las relaciones sanguíneas y designa lazos de profunda conexión, respeto mutuo y reciprocidad, incluso con la naturaleza. Parientes son también los animales, los ríos y las montañas.

[4] N. de las T.: El movimiento Land Back (Devolver la tierra), con diferentes campañas y llevado adelante por diversas organizaciones indígenas a lo largo y ancho de los Estados Unidos, busca restablecer la soberanía originaria y devolver los territorios ancestrales robados.

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